Traducción: "Lessons in Grace and Decorum" de GallaPlacidia

Harry Potter - J. K. Rowling
M/M
G
Traducción: "Lessons in Grace and Decorum" de GallaPlacidia
Summary
En Azkaban, Narcissa Malfoy le da lecciones a Draco sobre cómo manipular a las personas para que lo amen. Cuando Draco es liberado con la condición de que esté unido a Harry como su prisionero, finalmente tiene la oportunidad de poner en práctica sus nuevas habilidades.Inspirado en una excelente historia llamada Unexpected Consequences de Lauren3210
Note
IMPORTANTE:La presente es una traducción del fanfic de GallaPlacidia “LESSONS IN GRACE AND DECORUM”. Quien ha eliminado su cuenta en esta plataforma, así como todos sus fanfics, como una fan que ama su trabajo he decidido traducir sus fanfics al español para que sus fans de habla hispana podamos seguir disfrutando su trabajo.
All Chapters Forward

CAPÍTULO 20

Capítulo 20

 

Draco apenas tuvo tiempo de procesar lo que Harry había dicho antes de que su madre apareciera, chillando a su lado. Solo pudo distinguir fragmentos de lo que ella dijo a través de su furia incandescente: «no dejes que se entere» y «si supiera…» y «¡Nunca podría amar a alguien como tú!».

 

   —Draco —dijo Harry.

 

   —No puedo oírme pensar —le dijo a su madre.

 

Esto la hizo callar, pero solo por un momento.

 

   —Él no lo dijo en serio —dijo.

 

   —Draco —dijo Harry de nuevo.

 

   —¡No lo entiendes! —le dijo Draco a Harry— Tú no sabes…

 

   —¡Cállate, cállate, lo perderás! —gritó su madre.

 

   —¡Sí, pero él merece saberlo! —Draco le dijo.

 

   —Draco, solo háblanos —dijo Harry.

 

Draco se giró para míralo.

 

   —¿Háblanos?

 

   —A tu madre y a mí. Sé que ella está allí. Sólo háblanos a los dos. Dime lo que está diciendo.

 

Habló como si estuviera siendo perfectamente razonable, pero no lo era, no lo era, y Draco sabía que Harry se estaba encogiendo bajo la mirada fulminante de Draco, pero no pudo evitarlo, porque…

 

   —Mi madre está muerta, Potter.

 

Harry se encogió de hombros.

 

   —No la hace menos real. ¿Qué está diciendo?

 

La madre de Draco se acercó a su oído.

 

   —Solo finge —susurró ella— Solo finge, para siempre. No le dejes saber lo inútil que eres.

 

   —No —dijo Draco bruscamente. Harry parecía preocupado.

 

   —Sabes que ella te amaba, ¿Verdad, Draco? ¿Más que a nada? Ella hubiera querido que fueras feliz.

 

   —No puedo ser feliz —dijo Draco, distraído, porque su madre estaba emitiendo un extraño siseo, y de repente se dio cuenta de que le recordaba casi tanto a un Dementor como a su madre; con su piel canosa y podrida, y la sensación escalofriante que evocaba— No puedo, Harry, no me conoces

 

   —Si, en realidad —dijo Harry a la ligera— Se que te mantienes en estándares increíblemente altos, que eres considerado en formas un poco manipuladoras, y que he pasado los últimos seis meses más o menos enamorándome de ti.

 

   —No puedes amarme —dijo Draco, tratando de hacer que Harry entrara en razón.

 

   —Intenta detenerme.

 

   —Él se detendría, si supiera cómo te sientes acerca de la guerra —dijo su madre— ¡Él nunca debe saberlo…!

 

Draco estaba harto de ello, tan harto de esconderse, tan harto de obedecer.

 

   —¡No siento remordimiento! —dijo, más fuerte de lo que pretendía. Harry dio un paso atrás sorprendido, pero no más.

 

   —¿Qué?

 

   —Por la guerra. No… no puedo sentir remordimiento.

 

   —Está bien —dijo Harry, La madre de Draco comenzó a gritar. Draco se tapó los oídos con las manos y cerró los ojos.

 

   —¡No, Potter, no está jodidamente bien, porque yo era un maldito supremacista de Sangre que intentaba asesinar gente! Mira esto… —se subió la manga izquierda, agitando la Marca Tenebrosa en la cara de Harry— ¡Míralo! ¡Elegí esto! ¡Y está aquí, en mi brazo, para siempre!

 

Harry agarró su brazo y cubrió la Marca con sus manos.

 

   —Vas a tener frío —dijo, bajando suavemente la manga. Draco quería llorar.

 

   —¿No lo entiendes? —preguntó a Harry— ¿Me estás escuchando?

 

Harry era inquebrantablemente paciente.

 

   —¿Por qué no me dices por qué crees que no puedes sentir remordimiento y luego te diré por qué no me molesta? —dijo.

 

   —Porque… —Draco comenzó a caminar alrededor de la nieve, su madre siguiéndolo, aunque afortunadamente se había quedado callada— Porque estoy demasiado enojado.

 

   —¿Con quién? —preguntó Harry. Se quedó quieto, solo observando cómo Draco caminaba de un lado a otro, de un lado a otro.

 

   —Con… —Draco miró a su madre y se detuvo.

 

   —¿Con tu madre? —sugirió Harry.

 

   —No puedo estar enojado con ella —dijo Draco con amargura— Ella está muerta.

 

   —Todavía estoy enojado con Dumbledore. Pensé que me amaba como a un padre, y él… —Harry se desvaneció— Puedes estar enojado con tu madre —terminó.

 

Draco negó con la cabeza.

 

   —No. La perdoné. Antes de que ella muriera. Los perdoné a ambos. Cuando lo pidieron,

 

   —Pero no lo hiciste, en realidad. ¿No es así? —pregunto Harry.

 

   —Les dije que sí. Les prometí que lo hice. ¡Madre por favor deja de llorar!

 

   —Era su trabajo protegerte y, en cambio, te metieron en medio de una guerra.

 

   —Las guerras siempre las pelean los jóvenes —dijo Draco— Hicieron lo que pensaron que era correcto. Debería haberlo sabido mejor. Lo sabía bien. Debería haberme escapado, incluso cuando mi madre se negó a ir conmigo.

 

   —¿Ella se negó? —preguntó Harry, y finalmente pareció sorprendido.

 

La madre de Draco se estaba arañando la cara, y su carne estaba tan podrida que se le despegaron pedacitos.

 

   —Madre, por favor, por favor no lo hagas —dijo Draco. Dejó de pasearse para observar la pesadilla en la que se había convertido. Este era un cansancio que reconocía. Era lo que había sentido en sexto año, cuando se dio cuenta de que había escogido el bando equivocado y que aún tenía que vivir el resto de su pequeña miserable y desperdiciada vida.

 

   —Dijiste que me habías perdonado —dijo su madre.

 

   —YO…

 

   —Ella no debió haber hecho eso —dijo Harry suavemente.

 

Draco lo miró. Harry se veía tan real, parado en la nieve al lado del ridículo trineo de Hermione.

 

   —¿Qué diferencia hace?

 

   —Me sentiría traicionado, si fuera tú —dijo Harry.

 

   —No puedo —dijo Draco— No puedo odiarlos y extrañarlos tanto.

 

   —Puedes amar a alguien y aun así estar resentido —dijo Harry— Lo hago todo el tiempo.

 

Draco se sobresaltó y se echó a reír.

 

   —Draco —sollozó su madre— Draco…

 

   —Pero les dije que los perdone —dijo Draco. Harry sonrió un poco, sus ojos llenos de simpatía.

 

   —Y lo harás —dijo— Eventualmente.

 

   —Eventualmente —dijo Draco lentamente.

 

   —Sí —dijo Harry— Solo date un segundo. ¿Cuál es la prisa?

 

   —YO…

 

   —No he entendido mal esto, ¿Verdad? Ella está en tu cabeza, ¿No?

 

Draco miró a su madre llorando y asintió.

 

   —Sí. Ella está en mi cabeza.

 

   —Así que no es tu madre quien te hace sentir culpable por esto. Eres tú.

 

   —No lo había pensado así.

 

   —Pídele que te de algo de tiempo —dijo Harry.

 

   —Draco —sollozó su madre. Su cabello había caído frente a su rostro, su cabello largo y hermoso, que todavía se veía bien. Cuando miro su cabello, fue como si tuviera a su madre nuevamente.

 

   —Te extraño —dijo— Te extraño todos los días.

 

Ella no dijo nada.

 

   —Me alegro de haberte dicho que te perdonaba —dijo Draco— Me alegro de poder darte eso. Pero yo… todavía estoy enojado. Contigo. Estoy enojado contigo. ¿Eso… está bien?

 

Sus hombros dejaron de agitarse. Se alegró de no poder ver su rostro. Se dio cuenta de que realmente no podía recordar cómo se veía, no exactamente. Por eso se había deformado tan terriblemente. Su memoria le estaba fallando.

 

   —Sí —dijo ella, en voz baja— Te amo.

 

   —Lo sé —dijo. Extendió la mano y tomó un mechón de su cabello plateado brillante entre el pulgar y el índice, y por un segundo, realmente pudo sentirlo, fino como el satén— Yo también te amo.

 

Entonces, ella se fue. Draco se quedó solo, con la mano extendida frente a él, y supo que ella nunca volvería.

 

Dejó caer la mano a su costado. Harry se acercó a él y apoyó suavemente la cabeza en hombro de Draco.

 

   —Vámonos a casa —dijo Harry.

 

   —A casa —repitió Draco sin comprender.

 

   —Sí —dijo Harry— A casa.

 


 

Harry los llevó directamente a la sala de estar de Grimmauld Place. Draco se alejó de él cuando llegaron.

 

   —Entonces, estoy loco —le dijo a Harry— Absolutamente loco.

 

   —Estás en duelo.

 

Draco se rio suavemente y pasó una mano temblorosa por su cabello.

 

   —Sí, eso también.

 

Harry se sentó, y después de una breve vacilación, Draco también se sentó, de costado, en el otro extremo del sofá. Harry trató de pensar en algo para decir que no fuera «Te amo». No se sentí muy inspirado. «Te amo» Parecía la única opción posible. Afortunadamente, Draco habló.

 

   —Entonces, ahora ya lo sabes. El remordimiento tiene que ver con la responsabilidad. No puedo asumir la responsabilidad, porque todavía culpó a mis padres. Entonces, soy un pedazo de mierda, básicamente.

 

Harry no pudo evitarlo. Se rio. La mirada que Draco le lanzó tenía toda la hostilidad del Malfoy-pateando-su-cara-en-un-vagón-de-tren.

 

   —Lo siento —dijo Harry— Es sólo que no lo eres.

 

   —¿Cómo no puedes estar molesto por esto? ¿El deseo realmente altera tanto tu brújula moral? Si tan solo el Señor Oscuro hubiera sabido…

 

Harry se movió para quedar sentado con las piernas cruzadas, frente a Draco.

 

   —No es deseo. Te dije. Estoy enamorado de ti. Y no podría estar enamorado de ti si no sintieras remordimiento.

 

   —Si, exactamente, Potter, eso es lo que estoy diciendo…

 

   —¿Cómo eres tan denso, Draco? Sientes remordimiento. Tu mejor amiga es Ginny Weasley, por el amor de dios. ¿La traidora a la sangre?

 

   —¡No la llames así!

 

   —¡De acuerdo!

 

   —¡Eso no… eso no es remordimiento! Eso es solo… vergüenza, y… y culpa… y… es vergüenza. Es diferente.

 

   —¿Duele?

 

   —¡Obviamente!

 

   —Suena como remordimiento para mí.

 

   —Sí, bueno, te engañe para que te enamoraras de mí para poder recuperar mi reputación.

 

Harry lo miró fijamente.

 

   —¿Qué?

 

Draco se tapó los ojos con las manos e inclinó la cabeza sobre el brazo del sofá.

 

   —¡Solo usa Legeremens, Potter, no quiero explicar!

 

   —¡No voy a usar Legeremancia contigo!

 

   —¡Te lo estoy pidiendo!

 

   —¡Sólo háblame!

 

   —No puedo… no puedo… dirás que no fue real… no lo soporto…

 

Hablaba entrecortado. Lo había hecho dos veces antes: cuando Harry le ordenó que llamará a Voldemort por su nombre, y cuando «a Harry se le hizo un nudo en el estómago» sugirió que a Draco le gustaba que Steven Hodges le diera órdenes sexuales.

 

   —Draco, está bien —dijo Harry— Lo haré, lo que quieras, ¿De acuerdo? —Puso sus manos en los tobillos de Draco. Draco levantó la cabeza hacia atrás para mirarlo— Esta bien —dijo Harry de nuevo— ¿Ahora?

 

Draco asintió.

 

   —¡Legeremens! —dijo Harry.

 

«—-—-—-—-—-—-—-—D&H—-—-—-—-—-—-—-—»


 

Draco estaba temblando en una celda. Parecía frágil y halado. Narcissa Malfoy se sentó frente a él. Pero no era realmente Narcissa Malfoy, se recordó Harry. Era Draco, hablando solo.

 

   —Nadie te respetará —dijo Narcissa, o Draco, en realidad— Te compadecerán, si tienes suerte. Pero la lástima se pude traducir fácilmente en amor y eventualmente eso conducirá al respeto. Tienes que hacer que te amen.

 

   —¿Quién?

 

   —¡Todo el mundo!

 

Los ojos de Draco estaban muertos y sin esperanza.

 

   —Bueno, supongo que hará que el tiempo pase. Adelante entonces. ¿Cuál es mi primera lección?

 

Algunos de los consejos que Draco se dio a sí mismo bajo la apariencia de Narcissa fueron siniestros, maquiavélicos. Pero mucho de eso parecía basado en la observación cuidadosa a los demás. Enfatizó la importancia de la paciencia, la valentía y la consideración.

 

Narcissa le advirtió repetidamente a Draco que nadie lo amaría jamás. Lo que significaba, se dio cuenta Harry, que Draco se lo decía a sí mismo una y otra vez.

 


 

Vio a Narcissa decirle a Draco que se fuera de Azkaban de cualquier manera que pudiera.

 

   —Te volverás loco si te quedas —dijo ella, o Draco se dijo a sí mismo. Draco sabía, en el fondo, que estaba perdiendo la cabeza.

 


 

Harry observó el juicio. Se dio cuenta de lo que había estado demasiado borracho para ver en ese momento: la miserable resignación en el rostro de Draco cuando Harry se resistió a tocar su Marca.

 


 

Los recuerdos se adelantaron a la primera noche en Grimmauld Place. Observó a Draco escabullirse de su cama, viéndose angustiado y pálido, para encontrar a Narcissa en el rellano. Se sentó, observándola con avidez durante varios largos momentos antes de hablar.

 

   —¿Eres real? —le preguntó a ella.

 

   —¿Importa? —ella respondió. Draco rio suavemente.

 

   —Me parece bien.

 

   —Tienes que hacer que te ame —dijo Narcissa. Draco apoyó la cabeza sobre sus rodillas.

 

   —Lo sé, madre.

 

   —Él te odia. Tienes que hacerle cambiar de opinión.

 

   —Lo estoy intentando. No es… pensé que sería más fácil —dijo Draco, con la voz ligeramente quebrada. Miró hacia la puerta de Harry— Vamos abajo —dijo.

 

Harry siguió a Draco y Narcissa a la cocina.

 

   —Él es la última persona en la tierra que me perdonaría —dijo Draco. Apoyó la frente contra el armario de la cocina— Esto no tiene remedio.

 

   —Creo que estaba despierto. Dudo que duerma bien.

 

   —No sabía que te habían matado. No me acordaba.

 

Los ojos se Narcissa se suavizaron.

 

   —No puedes llorar, aún —dijo.

 

Los ojos de Draco brillaron con lágrimas. Una se derramó por su mejilla mientras asentía.

 

   —Lo sé. Autocompasión. Poco atractivo.

 

   —Debes ser valiente —dijo Narcissa.

 

   —Aunque no soy valiente.

 

   —Piensa en otras personas en lugar de en ti mismo —dijo Narcissa.

 

Draco asintió de nuevo, aunque más lágrimas seguían rodando por su rostro, claramente para su frustración. Los secó con impaciencia.

 

   —Lo estoy intentando —dijo.

 

   —Revisa los armarios en busca de té de valeriana, cariño. Este es un hogar Black, estoy segura de que Kreacher lo tendrá almacenado.

 

   —Oh, Dios —dijo Draco, comenzando a llorar en serio ahora, pero rebuscó en los armarios hasta que encontró un carrito de té. Puso la tetera al fuego.

 

   —Draco —dijo Narcissa con severidad— Tus ojos estarán rojos.

 

Draco inclinó la cabeza hacia atrás para mirar al techo y mantuvo los ojos bien abiertos, claramente esperando que la gravedad hiciera que las lágrimas regresaran a sus conductos.

 

   —Potter ni siquiera conoció a sus padres —dijo Narcissa— Ten algo de perspectiva.

 

   —Lo estoy intentando —dijo Draco de nuevo.

 

   —¿Crees que alguien le llevó té alguna vez cuando no podía dormir?

 

Draco abruptamente quitó la tetera de la cocina y puso más agua, de modo que hubiera suficiente para dos tazas.

 

   —Él había estado bebiendo, antes de tu juicio —dijo Narcissa.

 

   —Lo sé.

 

   —Por la mañana, como solía hacer tu padre…

 

   —Lo sé —dijo Draco, más abruptamente. Sus lágrimas se detuvieron. Su expresión se había endurecido considerablemente ante la mención de su padre.

 

   —Perdonaste a tu padre —le recordó Narcissa.

 

Draco se giró hacia los armarios de la cocina, buscando tazas con determinación y los labios apretados.

 

   —No había nada que perdonar —dijo con frialdad.

 

   —Beber por la mañana, no dormir por la noche —dijo Narcissa— Debe ser solitario.

 

Draco le dirigió una mirada dura.

 

   —Sí está bien. Aunque te lo advierto, me va a hechizar.

 

   —¿Y si lo hace?

 

Draco apretó los dientes.

 

   —No haré ni un sonido.

 

La tetera empezó a chirriar. Draco lo sacó de la estufa y vertió el agua hirviendo en las tazas. Encontró una gran cuchara de plata y miró su reflejo en el dorso.

 

   —No me veo como si hubiera estado llorando, ¿Verdad?

 

   —No —dijo Narcissa— Y recuerda; no hables de ti. Eso no es lo que importa ahora.

 

Draco emitió un pequeño sonido, a medio camino entre una risa y un sollozo seco.

 

   —No. Lo sé.

 

Recogió las dos tazas, subió las escaleras y llamó a la puerta de Harry cuidadosamente con un nudillo.

 

   —¿Sí? —vino la voz de Harry desde adentro. Draco abrió la puerta con la cadera.

 

   —¿Té?

 


 

Mientras los recuerdos avanzaban, Harry recordó la forma cautelosa y delicada en que Draco le había preguntado sobre Cedric esa noche. No parecía como si hubiera estado llorando.

 

   —¿Sientes remordimiento? —Narcissa le preguntaba a Draco, una y otra vez.

 

   —¡No puedo! —decía Draco cada vez, cada vez más frustrado. Cada vez más desanimado cuando su madre le dijo que nadie lo amaría si no lo hacía.

 


 

Narcissa, Draco, se recordó Harry, también habló de Harry. Era inquietantemente perspicaz en algunos aspectos, por ejemplo, cuando adivinada el estado mental de Harry, y completamente fuera de lugar en otros, como cuando le dijo a Draco lo que sentía por él.

 

   —Empezó a preguntarme sobre mí —dijo Draco, luciendo más feliz que en cualquier otro recuerdo hasta el momento.

 

   —Lo estás haciendo muy bien, mi dulce niño —dijo Narcissa.

 

   —Yo no… es extraño, ¿No? ¿Nunca hablar de mí?

 

   —Hablas de ti todo el tiempo, Draco.

 

Draco se paseaba por su dormitorio.

 

   —¿Yo? —preguntó, vagamente.

 

   —Draco —dijo Narcissa. Dejó de pasearse— No querrás hablar con él, ¿Verdad?

 

La mano derecha de Draco fue a su Marca. Parecía perdido.

 

   —YO…

 

   —Cariño —dijo Narcissa— ¿De verdad crees que le gustarás si llega a conocerte mejor?

 

Draco enterró su rostro entre sus brazos.

 

Los recuerdos cambiaron de nuevo.

 


 

   —Quiere acostarse conmigo —le dijo Draco a su madre. Su cabelló estaba desarreglado; seguía pasando sus manos a través de él, y sus pupilas estaban dilatadas y negras.

 

   —Difícilmente —dijo Narcissa.

 

   —Tal vez debería hacerlo —dijo. Sonaba… ¿Esperanzado?

 

Narcissa negó con la cabeza.

 

   —No. Una vez que se sacia el deseo, el objeto del deseo se vuelve repugnante. Ya eres demasiado detestado para correr ese riesgo.

 

Draco hizo un muy mal trabajo al ocultar lo herido que estaba. Narcissa le dijo que intentara fingir estar enamorado de Harry. Draco se negó.

 


 

El siguiente recuerdo fue en Hogwarts. Draco irrumpió en su habitación, luciendo loco de emoción.

 

   —Él quiere que seamos amigos —dijo.

 

   —Le gusta cómo lo haces sentir —dijo Narcissa— Eso no significa que le gustes.

 

   —No, yo… eso lo sé —dijo Draco, cabizbajo.

 

   —Él no puede amarte hasta que sientas remordimiento —dijo Narcissa.

 

   —Pero no puedo sentir remordimiento solo para que me ame —dijo Draco.

 

   —Ahí está el problema —dijo Narcissa.

 


 

Harry observo cómo Narcissa se volvía más cruel, menos compasiva. «Te has quedado sin ayuda», le dijo a Draco. Cuanta más gente atacaba a Draco, más se laceraba a sí mismo a través del recuerdo de su madre, cuyo rostro comenzó a transformarse de manera sutil.

 

Harry pensó en lo que Draco había dicho sobre Steven: «Me preguntó cómo resultara. Sera de una forma u otra. Amargura, o redención.» Amargura, o Redención. Draco no pudo decidir convertirse en una mejor persona por razones desinteresadas: no cuando estaba solo en Azkaban, huérfano, despreciado y encarcelado. Si lo hubiera intentado, probablemente habría despertado la amargura. Entonces, en cambio, había encontrado una razón egoísta para impulsarse hacia la redención. Era Slytherin de pies a cabeza «Harry recordaba como el sombrero había llamado a la casa de Draco casi en el instante en que tocó su cabeza», por lo que su bondad era diferente a la de Harry. Pero la cuestión de si contaba como verdadera bondad le pareció a Harry más o menos cuestión de semántica: algunos podrían llamarlo calculador, pero fácilmente podría llamarse intencional.

 

Draco se había dicho a sí mismo que se estaba convirtiendo en una mejor persona para engañar a otras personas, pero el truco no estaba realmente en ellos. Estaba en el propio Draco, que se había esforzado incansablemente por ser desinteresado y valiente, sin darse cuenta de lo transformadores que serían sus esfuerzos.

 

Harry observó cómo el rostro de Narcissa comenzaba a pudrirse, a medida que se volvía aterradora, mientras le decía a Draco que ocultara sus defectos a Harry. Observó cómo Draco se enfrentó a ella, a sí mismo, e hizo lo correcto, aunque lo asustaba. A pesar de que Draco claramente pensó que la autorrevelación resultaría en que perdiera todo, a todos.

 

Harry sabía cómo ser valiente frente a la muerte. Pero no era la muerte lo que Draco había enfrentado. Era algo mucho más insidioso y sigiloso. En Azkaban, Draco se había enfrentado a una vida de soledad, desolación y vergüenza, que se extendía infinitamente en su futuro, y se había armado de valor con la misma seguridad que Harry cuando entró en el Bosque Prohibido para ser asesinado. No era la valentía de Gryffindor, pero era valentía de todos modos, y Harry se enamoraba más profundamente de él con cada recuerdo que presenciaba.

 

Y entonces los recuerdos terminaron. Harry bajó su varita y abrió los ojos.

 


«—-—-—-—-—-—-—-—H&D—-—-—-—-—-—-—-—»

 

Draco se había movido para sentarse en el brazo del sofá, con los pies enterrados en los cojines. Sostuvo su cabeza entre sus manos.

 

   —Lo siento —dijo.

 

   —Draco —comenzó Harry, pero Draco lo interrumpió.

 

   —Sé cómo se ve, pero no he estado fingiendo… ¿Tal vez al principio, un poco? Pero realmente sentí lástima por ti, y estaba agradecido, así que no lo estaba… quiero decir, obviamente fue egoísta, pero eso no significa que mis sentimientos por ti no sean…. sé que no podrás confiar en mí ahora, pero tienes que creerme…

 

   —Draco —dijo Harry, y apartó las manos de Draco de su rostro— Te Amo.

 

Draco frunció el ceño.

 

   —¿Lo haces?

 

Harry rio y asintió.

 

—Sí —dijo.

 

—Pero te engañe.

 

—Realmente no me preocupa demasiado por qué te dijiste a ti mismo que te estabas convirtiendo en una mejor persona. Simplemente te admiro por hacer el cambio.

 

Draco se alejó de Harry, viéndose profundamente confundido.

 

—¿Viste… viste los recuerdos?

 

—Sí.

 

—Harry.

 

—Pero había una cosa que me preguntaba —dijo Harry— Mira, estoy locamente enamorado de ti, y sé que te gusto bastante, pero ¿Estás dispuesto a ser mi novio? O ¿Preferirías mantener las cosas informales? Porque no quiero presionarte…

 

—¿Novio? —repitió Draco.

 

—Sí.

 

—¿Tuyo?

 

—Sí.

 

—¿No estás borracho? —preguntó Draco con incertidumbre. Harry negó con la cabeza. La mano derecha de Draco fue a su antebrazo izquierdo. Harry la levantó, subió la manga de Draco y puso su mano sobre la Marca.

 

—Cada cosa que he aprendido sobre ti hoy me ha hecho respetarte más —dijo.

 

Los ojos de Draco estaban fijos en la mano de Harry en su brazo. Se lamió los labios.

 

—Hablas en serio —dijo.

 

—Si no quieres que hagamos nada, me rendiré, sin resentimientos —dijo Harry, tratando de sonar sincero.

 

—No —dijo Draco rápidamente.

 

—No, ¿No me rindo? ¿O no, no quieres ser mi novio?

 

—No te rindas —dijo Draco en voz baja. Harry se puso de rodillas y se arrastró hacia adelante hasta que estuvo entre las piernas de Draco.

 

—Está bien —dijo— Me quedaré aquí.

 

Puso una mano en la nuca de Draco y tiró de él para besarlo. Draco lo profundizo, sus manos recorriendo a Harry. Se deslizó del brazo hacia los cojines de sofá, de modo que Harry se cernía sobre él.

 

—Este es un buen lugar para ti —dijo Harry.

 

—Es difícil para mí hacer alguna travesura si estoy por debajo de ti —dijo Draco.

 

—Ojalá hubiéramos descubierto esto en sexto año.

 

Draco se rio y lo beso de nuevo.

 

Harry perdió la cuenta de cuánto tiempo habían estado besándose cuando Draco volvió a hablar.

 

—Sabes que no creeré nada de esto por un tiempo —dijo.

 

Harry acarició su mandíbula.

 

—Está bien. Lo diré a menudo, si te ayuda. Te amo.

 

—Tal vez solo te agrado cuando soy infeliz. Fui feliz en Hogwarts, hasta sexto año, de todos modos, y nunca te gusté entonces.

 

—Eres feliz con Ginny. Estabas feliz patinando hoy. Estoy bastante seguro de que verte feliz en lo que más me gusta en el mundo.

 

Draco parecía como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo. En su lugar se arqueó para encontrar los labios de Harry.

Forward
Sign in to leave a review.